Vocaciones Nativas 2015

Testimonios Misioneros

Últimas noticias

27 de mayo de 2015

Mensaje para JMM 2015

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2015

Mensaje Papa Francisco JMM 2015



Queridos hermanos y hermanas:

La Jornada Mundial de las Misiones 2015 tiene lugar en el contexto del Año de la Vida Consagrada, y recibe de ello un estímulo para la oración y la reflexión. De hecho, si todo bautizado está llamado a dar testimonio del Señor Jesús proclamando la fe que ha recibido como un don, esto es particularmente válido para la persona consagrada, porque entre la vida consagrada y la misión subsiste un fuerte vínculo. El seguimiento de Jesús, que ha dado lugar a la aparición de la vida consagrada en la Iglesia, responde a la llamada a tomar la cruz e ir tras él, a imitar su dedicación al Padre y sus gestos de servicio y de amor, a perder la vida para encontrarla. Y dado que toda la existencia de Cristo tiene un carácter misionero, los hombres y las mujeres que le siguen más de cerca asumen plenamente este mismo carácter.

La dimensión misionera, al pertenecer a la naturaleza misma de la Iglesia, es también intrínseca a toda forma de vida consagrada, y no puede ser descuidada sin que deje un vacío que desfigure el carisma. La misión no es proselitismo o mera estrategia; la misión es parte de la “gramática” de la fe, es algo imprescindible para aquellos que escuchan la voz del Espíritu que susurra “ven” y “ve”. Quién sigue a Cristo se convierte necesariamente en misionero, y sabe que Jesús «camina con él, habla con él, respira con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).

La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, es una pasión por su pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene; y en ese mismo momento percibimos que ese amor, que nace de su corazón traspasado, se extiende a todo el pueblo de Dios y a la humanidad entera; Así redescubrimos que él nos quiere tomar como instrumentos para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado (cf. ibid., 268) y de todos aquellos que lo buscan con corazón sincero. En el mandato de Jesús: “id” están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia. En ella todos están llamados a anunciar el Evangelio a través del testimonio de la vida; y de forma  especial se pide a los consagrados que escuchen la voz del Espíritu, que los llama a ir a las grandes periferias de la misión, entre las personas a las que aún no ha llegado todavía el Evangelio.

El quincuagésimo aniversario del Decreto conciliar Ad gentes nos invita a releer y meditar este documento que suscitó un fuerte impulso misionero en los Institutos de Vida Consagrada. En las comunidades contemplativas retomó luz y elocuencia la figura de santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones, como inspiradora del vínculo íntimo de la vida contemplativa con la misión. Para muchas congregaciones religiosas de vida activa el anhelo misionero que surgió del Concilio Vaticano II se puso en marcha con una apertura extraordinaria a la misión ad gentes, a menudo acompañada por la acogida de hermanos y hermanas provenientes de tierras y culturas encontradas durante la evangelización, por lo que hoy en día se puede hablar de una interculturalidad generalizada en la vida consagrada. Precisamente por esta razón, es urgente volver a proponer el ideal de la misión en su centro: Jesucristo, y en su exigencia: la donación total de sí mismo a la proclamación del Evangelio. No puede haber ninguna concesión sobre esto: quién, por la gracia de Dios, recibe la misión, está llamado a vivir la misión. Para estas personas, el anuncio de Cristo, en las diversas periferias del mundo, se convierte en la manera de vivir el seguimiento de él y recompensa los muchos esfuerzos  y privaciones. Cualquier tendencia a desviarse de esta vocación, aunque sea acompañada por nobles motivos relacionados con la muchas necesidades pastorales, eclesiales o humanitarias, no está en consonancia con el llamamiento personal del Señor al servicio del Evangelio. En los Institutos misioneros los formadores están llamados tanto a indicar clara y honestamente esta perspectiva de vida y de acción como a actuar con autoridad en el discernimiento de las vocaciones misioneras auténticas. Me dirijo especialmente a los jóvenes, que siguen siendo capaces de dar testimonios valientes y de realizar hazañas generosas a veces contra corriente: no dejéis que os roben el sueño de una misión auténtica, de un seguimiento de Jesús que implique la donación total de sí mismo. En el secreto de vuestra conciencia, preguntaos cuál es la razón por la que habéis elegido la vida religiosa misionera y medid la disposición a aceptarla por lo que es: un don de amor al servicio del anuncio del Evangelio, recordando que, antes de ser una necesidad para aquellos que no lo conocen, el anuncio del Evangelio es una necesidad para los que aman al Maestro.

Hoy, la misión se enfrenta al reto de respetar la necesidad de todos los pueblos de partir de sus propias raíces y de salvaguardar los valores de las respectivas culturas. Se trata de conocer y respetar otras tradiciones y sistemas filosóficos, y reconocer a cada pueblo y cultura el derecho de hacerse ayudar por su propia tradición en la inteligencia del misterio de Dios y en la acogida del Evangelio de Jesús, que es luz para las culturas y fuerza transformadora de las mismas.

Dentro de esta compleja dinámica, nos preguntamos: “¿Quiénes son los destinatarios privilegiados del anuncio evangélico?” La respuesta es clara y la encontramos en el mismo Evangelio:  los pobres, los pequeños, los enfermos, aquellos que a menudo son despreciados y olvidados, aquellos que no tienen como pagarte (cf. Lc 14,13-14). La evangelización, dirigida preferentemente a ellos, es signo del Reino que Jesús ha venido a traer: «Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 48). Esto debe estar claro especialmente para las personas que abrazan la vida consagrada misionera: con el voto de pobreza se escoge seguir a Cristo en esta preferencia suya, no ideológicamente, sino como él, identificándose con los pobres, viviendo como ellos en la precariedad de la vida cotidiana y en la renuncia de todo poder para convertirse en hermanos y hermanas de los últimos, llevándoles el testimonio de la alegría del Evangelio y la expresión de la caridad de Dios.

Para vivir el testimonio cristiano y los signos del amor del Padre entre los pequeños y los pobres, las personas consagradas están llamadas a promover, en el servicio de la misión, la presencia de los fieles laicos. Ya  el Concilio Ecuménico Vaticano II afirmaba: «Los laicos cooperan a la obra de evangelización de la Iglesia y participan de su misión salvífica a la vez como testigos y como instrumentos vivos» (Ad gentes, 41). Es necesario que los misioneros consagrados se abran cada vez con mayor valentía a aquellos que están dispuestos a colaborar con ellos, aunque sea por un tiempo limitado, para una experiencia sobre el terreno. Son hermanos y hermanas que quieren compartir la vocación misionera inherente al Bautismo. Las casas y las estructuras de las misiones son lugares naturales para su acogida y su apoyo humano, espiritual y apostólico.

Las Instituciones y Obras misioneras de la Iglesia están totalmente al servicio de los que no conocen el Evangelio de Jesús. Para lograr eficazmente este objetivo, estas necesitan los carismas y el compromiso misionero de los consagrados, pero también, los consagrados, necesitan una estructura de servicio, expresión de la preocupación del Obispo de Roma para asegurar la koinonía, de forma que la colaboración y la sinergia sean una parte integral del testimonio misionero. Jesús ha puesto la unidad de los discípulos, como condición para que el mundo crea (cf. Jn 17,21). Esta convergencia no equivale a una sumisión jurídico-organizativa a organizaciones institucionales, o a una mortificación de la fantasía del Espíritu que suscita la diversidad, sino que significa dar más eficacia al mensaje del Evangelio y promover aquella unidad de propósito que es también  fruto del Espíritu.

La Obra Misionera del Sucesor de Pedro tiene un horizonte apostólico universal. Por ello también necesita de los múltiples carismas de la vida consagrada, para abordar al vasto horizonte de la evangelización y para poder garantizar una adecuada presencia en las fronteras y territorios alcanzados.

Queridos hermanos y hermanas, la pasión del misionero es el Evangelio. San Pablo podía afirmar: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor 9,16). El Evangelio es fuente de alegría, de liberación y de salvación para todos los hombres. La Iglesia es consciente de este don, por lo tanto, no se cansa de proclamar sin cesar a todos «lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos» (1 Jn 1,1). La misión de los servidores de la Palabra -obispos, sacerdotes, religiosos y laico- es la de poner a todos, sin excepción, en una relación personal con Cristo. En el inmenso campo de la acción misionera de la Iglesia, todo bautizado está llamado a vivir lo mejor posible su compromiso, según su situación personal. Una respuesta generosa a esta vocación universal la pueden ofrecer los consagrados y las consagradas, a través de una intensa vida de oración y de unión con el Señor y con su sacrificio redentor.
Mientras encomiendo a María, Madre de la Iglesia y modelo misionero, a todos aquellos que, ad gentes o en su propio territorio, en todos los estados de vida cooperan al  anuncio del Evangelio, os envío de todo corazón mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de mayo de 2015

Solemnidad de Pentecostés
Francisco

14 de mayo de 2015

Supergesto edición verano

La revista misionera para jóvenes, Supergesto, en la edición para este verano trae toda la información sobre el Encuentro Europeo de Jóvenes.



Desde el Departamento de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Española (CEE), junto con los Carmelitas y la Diócesis de Ávila, se está preparando el Encuentro Europeo de Jóvenes, que se celebrará este verano en Ávila, del 5 al 9 de agosto. Un encuentro que, ya desde hace meses, se está viviendo con intensidad por todos los voluntarios y responsables del mismo. Así lo cuenta Raúl Tinajero Ramírez, director del Departamento de Pastoral Juvenil de la CEE, en el último número de Supergesto. Raúl explica cómo va a ser este Encuentro y ánima a todos los jóvenes, cuyo corazón esté abierto a la esperanza y a la felicidad y que no quieran caer en la mediocridad ni en lo fácil, a que acudan a Ávila a vivir esta experiencia de Dios, de la mano de una mujer -Teresa de Ávila-, que tuvo esas mismas inquietudes y encontró su verdadera felicidad en Dios.

La revista incluye además una entrevista con Inés Poggio, la joven ganadora del V Festival de Clipmetrajes de Manos Unidas (2014), que cuenta el viaje que ha realizado a Etiopía con el director de cine Santiago Zannou, responsable de películas como El truco del manco o Alacrán enamorado. El objetivo de este viaje, que Inés ha calificado como “un aprendizaje constante”, ha sido grabar un documental sobre las gentes de Etiopía y sobre los proyectos que allí lleva a cabo Manos Unidas. El documental, titulado Género y número (www.youtube.com/watch?v=Y2vlnAbv9ms&feature=youtu.be), se ha estrenado el pasado sábado en los Cines Callao de Madrid, en la Gran Gala Final del VI Festival de Clipmetrajes (www.clipmetrajesmanosunidas.org).

En “¡Bata de guerra en Siria!”, Supergesto se ocupa de la dramática situación que vive este país, sumido en la oscuridad y la pobreza por más de cuatro años de guerra y el ataque del Estado Islámico a los cristianos; y en “¿Aún en la rotonda de la indiferencia? La salida es la misión”, la revista ofrece una detallada crónica del XII Encuentro Misionero de Jóvenes de Obras Misionales Pontificias (OMP), celebrado en Madrid, con la participación, entre otros, de Mons. Calos Osoro, la hermana Paciencia Melgar o el cantante Nico Montero.
Un amplio recorrido por Grecia y un reportaje sobre la impresión 3D, que irrumpe en nuestras vidas imparable, forman parte también del contenido de este número de la revista, junto con secciones habituales como el relato, el cine, los libros o los juegos.

12 de mayo de 2015

Jornadas Delegados de Misiones 2015

Del 20 al 22 de mayo se celebrará, en Madrid, las Jornadas Nacionales para Delegados Diocesanos de Misiones y Directores Diocesanos de OMP. 

Jornadas Delegados de Misiones 2015


"La misión ad gentes en la vida consagrada" será el tema central en el que se reflexionará durante las jornadas. Los delegados y directores de misiones, de toda España, tendrán dos días para dialogar sobre la importancia de la vida consagrada al servicio de la misión, cuáles son sus desafíos en la misión ad gentes y el servicio de animación misionera que prestan una vez regresados.

También se contará con ponencias de actualidad como la del periodista Fernando de Haro Izquierdo, sobre los cristianos en países de conflicto. La del delegado diocesano de misiones de Jaén, Manuel Alfonso Pérez, sobre los 50 años del Decreto Ad Gentes. Además se terminará con la presentación del Domund 2015 y las propuestas de acción para el curso 2015-2016.

Ver programa completo, aquí.








4 de mayo de 2015

Intención misionera Mayo

"Para que la intercesión de María ayude a los cristianos que viven en contextos secularizados a hacerse disponibles para anunciar a Jesús" 


Intención misionera


El Papa Francisco pide a los cristianos que recen por esta intención misionera durante el mes de mayoEl pasado domingo, en el rezo del Regina coeli, el Papa Francisco, basándose en el Evangelio dominical recordaba cómo los apóstoles, que vieron con los propios ojos al Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Y cómo “cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros”.

Y se preguntaba qué es ser testigo. “El testigo es uno que ha visto, que recuerda y cuenta. Ver, recordar y contar son los tres verbos que describen la identidad y la misión. El testigo es uno que ha visto, con ojo objetivo, ha visto una realidad, pero no con ojo indiferente; ha visto y se ha dejado involucrar por el acontecimiento. Por eso recuerda, no sólo porque sabe reconstruir de modo preciso los hechos sucedidos, sino también porque esos hechos le han hablado y él ha captado el sentido profundo. Entonces el testigo cuenta, no de manera fría y distante sino como uno que se ha dejado cuestionar y desde aquel día ha cambiado de vida. El testigo es uno que ha cambiado de vida”.

“El contenido del testimonio cristiano”, aclaraba el Papa, “no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han tenido una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continua conversión en la Penitencia. Gracias a este camino, siempre guiado por la Palabra de Dios, cada cristiano puede transformarse en testigo de Jesús resucitado. Y su testimonio es mucho más creíble cuando más transparenta un modo de vivir evangélico, gozoso, valiente, humilde, pacífico, misericordioso. En cambio, si el cristiano se deja llevar por las comodidades, las vanidades, el egoísmo, si se convierte en sordo y ciego ante la petición de «resurrección» de tantos hermanos, ¿cómo podrá comunicar a Jesús vivo, como podrá comunicar la potencia liberadora de Jesús vivo y su ternura infinita?”.

Concluía pidiendo “que María, nuestra Madre, nos sostenga con su intercesión para que podamos convertirnos, con nuestros límites, pero con la gracia de la fe, en testigos del Señor resucitado, llevando a las personas que nos encontramos los dones pascuales de la alegría y de la paz”.

24 de abril de 2015

Infografía Vocaciones Nativas

Este domingo celebramos la Jornada de Vocaciones Nativas, por eso hemos elaborado esta infografía básica, para que sepas lo más importante y puedas colaborar con nosotros. 


Más de 79 mil vocaciones nativas se beneficiaron gracias a los donativos recaudados en toda España.  No les dejemos solos este año, contribuyamos con las vocaciones en territorio de misión.




20 de abril de 2015

Colabora con las Vocaciones Nativas

El próximo 26 de abril celebramos la Jornada de Vocaciones Nativas, "Que bueno caminar contigo" en nuestra diócesis y en toda España. 


La ayuda  a las Vocaciones Nativas que España ofreció en el año 2014 fue de 1.710.047 euros. La mayor parte destinada a África con 1.351.149 euros; Asia con 229.971 euros y  América con 128.926 euros. 
Ayúdanos desde nuestra diócesis a seguir apoyando a las vocaciones nativas en los territorios de misión, que sientan que no caminan solas. 

¿Cómo colaborar?

Puedes entregar un donativo en tu parroquia o directamente en nuestra Delegación de Misiones.
  • También puedes efectuar un ingreso en las siguientes cuentas bancarias de las Obras Misionales Pontificias Canarias:
  • Bankia :   ES30- 2038-7319-9860-0010-6770 
  • Banco Santander:  ES14-0049-4996-3523-1659-9819

Otra forma de colaborar con las Vocaciones Nativas son las Becas Misioneras:

Con las becas de estudio se puede financiar la formación de un seminarista o novicio, total o parcialmente. La beca completa, 2000 euros, cubre los seis años de formación de un seminarista. La media beca, de 1000 euros, le ayuda durante tres años de estudio. Y también existe la posibilidad de cubrir la formación de un curso de de un novicio a través de la donación de 350 euros.

16 de abril de 2015

Mensaje para la 52 JMOV

Mensaje del Papa Francisco para la 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. " El éxodo experiencia fundamental de la Vocación"




Queridos hermanos y hermanas:

El cuarto Domingo de Pascua nos presenta el icono del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las alimenta y las guía. Hace más de 50 años que en este domingo celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Esta Jornada nos recuerda la importancia de rezarpara que, como dijo Jesús a sus discípulos, «el dueño de la mies… mande obreros a su mies» (Lc 10,2). Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión (cf. Lc 10,1-16). Efectivamente, si la Iglesia «es misionera por su naturaleza» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, 2), la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión. Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos. Por eso, en esta 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida. El libro del Éxodo ―el segundo libro de la Biblia―, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana. De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es unverdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.

En la raíz de toda vocación cristiana se encuentra este movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo; abandonar, como Abrahán, la propia tierra poniéndose en camino con confianza, sabiendo que Dios indicará el camino hacia la tierra nueva. Esta «salida» no hay que entenderla como un desprecio de la propia vida, del propio modo sentir las cosas, de la propia humanidad; todo lo contrario, quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). La raíz profunda de todo esto es el amor. En efecto, la vocacióncristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).

La experiencia del éxodo es paradigma de la vida cristiana, en particular de quien sigue una vocación de especial dedicaciónal servicio del Evangelio. Consiste en una actitud siempre renovada de conversión y transformación, en un estar siempre en camino, en un pasar de la muerte a la vida, tal como celebramos en la liturgia: es el dinamismo pascual. En efecto, desde la llamada de Abrahán a la de Moisés, desde el peregrinar de Israel por el desierto a la conversión predicada por los profetas, hasta el viaje misionero de Jesús que culmina en su muerte y resurrección, la vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos. Responder a la llamada de Dios, por tanto, es dejar que él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad.

Esta dinámica del éxodo no se refiere sólo a la llamada personal, sino a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia. La Iglesia es verdaderamente fiel a su Maestro en la medida en que es una Iglesia «en salida», no preocupada por ella misma, por sus estructuras y sus conquistas, sino más bien capaz de ir, de ponerse en movimiento, de encontrar a los hijos de Dios en su situación real y de compadecer sus heridas. Dios sale de sí mismo en una dinámica trinitaria de amor, escucha la miseria de su pueblo e interviene para librarlo (cf. Ex 3,7). A esta forma de ser y de actuar está llamada también la Iglesia: la Iglesia que evangeliza sale al encuentro del hombre, anuncia la palabra liberadora del Evangelio, sana con la gracia de Dios las heridas del alma y del cuerpo, socorre a los pobres y necesitados.

Queridos hermanos y hermanas, este éxodo liberador hacia Cristo y hacia los hermanos constituye también el camino para la plena comprensión del hombre y para el crecimiento humano y social en la historia. Escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia y la pone al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. Por eso, lavocación cristiana, radicada en la contemplación del corazón del Padre, lleva al mismo tiempo alcompromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. El discípulo de Jesús tiene el corazón abierto a su horizonte sin límites, y su intimidad con el Señor nunca es una fuga de la vida y del mundo, sino que, al contrario, «esencialmente se configura como comunión misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 23).

Esta dinámica del éxodo, hacia Dios y hacia el hombre, llena la vida de alegría y de sentido. Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengáis miedo a salir de vosotros mismos y a poneros en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día.

La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida. A Ella nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás (cf. Lc 1,39). Que la Virgen Madre nos proteja e interceda por todos nosotros.



Papa Francisco

Vaticano, 29 de marzo de 2015

Formadores de Vocaciones Nativas

En la Mesa Redonda celebrada ayer en Madrid se puso de manifiesto la importancia de las Vocaciones Nativas en los territorios de misión. 

Formadores de vocaciones nativas

Los testimonios de los misioneros que trabajan con los jóvenes en los territorios de misión (en los que se encuentra aproximadamente el 26% de los religiosos y el 15% de sacerdotes del mundo) ofrecen un panorama esperanzador, pero también ponen de manifiesto la necesidad de hacer un correcto discernimiento para ayudar a los chicos y chicas a encontrar cuál es la llamada concreta del Señor en sus vidas, y separarla de posibles connotaciones sociales, como el prestigio que se asocia a estas vocaciones en muchos países pobres.
Desde que Rosario Martínez Martínez, Religiosa de María Inmaculada, llegó a Burkina Faso hace veinte años, siempre ha estado involucrada en la formación de los jóvenes que ya han hecho una opción de vida hacia la consagración religiosa. Valora el hecho de que tanto en Burkina Faso como en Mali, donde fue enviada durante cuatro años, las familias son, en general, "favorables frente a la decisión de sus hijos de darse a Dios en la vida Consagrada; en gran parte, por el sentido de lo 'divino' y de lo 'sagrado' que es innato en estas culturas, y quizá también por la visión que se tiene aquí de la vida consagrada como una especie de 'promoción social' de la que toda la familia se beneficiará un día". Rosario advierte que en "las jóvenes se percibe la generosidad, a pesar de saber que esta manera de vivir significa decir no a uno de sus grandes valores, como la maternidad física", pero "el camino es lento, conlleva mucho diálogo y discernimiento".
José María Cantal Rivas es el provincial de los Padres Blancos en Argelia y Túnez, y cree que "al ver los inconvenientes, se descubren las ventajas"; por eso reflexiona sobre lo que ocurriría si no hubiera vocaciones nativas. Aunque los misioneros extranjeros hacen lo que pueden, "la lengua y la cultura son los vehículos para transmitir la fe"; de ahí que la presencia de vocaciones locales sea el mejor medio para la evangelización. Además, en algunas naciones, "los cristianos son automáticamente asimilados a ciudadanos sospechosos, más aún si son extranjeros". En esos países, las dificultades para la labor pastoral de los misioneros son continuas: en algunos lugares, aunque las necesidades pastorales crezcan, hay un número fijo de misioneros admitidos y no se permite entrar a más; en otros, los extranjeros no pueden circular libremente, de donde se derivan inconvenientes, por ejemplo, a la hora de hacer visitas pastorales. En este contexto, Cantal Rivas afirma sin dudarlo: "Solo un clero local podría ser la solución".

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